Casi siempre, las calles son bautizadas por la historia oficial; sin embargo, también quedan pueblos donde se impone la metonimia de la gente local. Escribir sobre ciudades no sería lo mismo si sólo nos limitáramos a la descripción del lugar sin la buena referencia de las calles. Onomatopeya nostálgica del viajero.
Recuerdo que los paseos acababan en el Parque Juárez, donde ahora hay un horrible estacionamiento; como pocos niños vivían cerca, las horas del parque las compartía con los hijos de los indígenas que vendían artesanías y los niños grngos que también detenían su paseo. El Centro de Vallarta era mi casa.
Muchos años después recorrería las mismas calles; embriagado del perfume de la adolescencia. Empezaba a conocer las claroscuros de la vida: mi abuela acabada de morir y conocí el primer amor. Vivía muy lejos de la calle Juárez; ahora mi casa estaba en la colonia Coapinole en España 182, para ser precisos. Eran los comienzos del 2001, en lugar de dormir la acostumbrada siesta de la secundaria, salía a vagabundear por el Centro.
Cruzaba el puente colgante de la calle Constitución, donde para estupefacción de los gringos, hacía temblar las tablas con cada brinco, para entrar a la isla del Río Cuale. A veces iba a mis clases de guitarra, en otras sólo iba a entretenerme viendo a las chavas del grupo de teatro. Después me iba por
Así eran mis recorridos en la época que vagabundeaba. Ahora lo sé: caminar también es buscar respuestas. Fuera del romanticismo y las nostalgias debo acotar que me sorprende mucho que ahora se pueda ver desde cualquier lugar del mundo (con una conexión decente de Internet) vistas de 360 grados de todas las calles de Puerto Vallarta. No deja de sorprenderme.
Minutas:
-Quizá el próximo año inicie con una buena sorpresa, estén al pendiente.
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