miércoles 3 de febrero de 2010
Vivimos de turistas tontos
viernes 22 de enero de 2010
Sur 2 x 4
Viajar por el sur del país es maravilloso, los paisajes son muy bonitos, se come riquísimo, es otra atmósfera. Aunque, claro, se repite el panorama de pobreza y desigualdad que hay en todas la ciudades de la república.
Escribo desde Coatzacoalcos, Veracruz, mañana regreso a Puerto Vallarta después de una travesía que me llevó hasta Villahermosa, Tabasco, tocando como puntos intermedios Córdoba, el Puerto de Veracruz y Catemaco. Acá no conozco nada, no estoy empapado de los problemas habituales de vivir en cierto lugar: no conozco el nombre del presidente municipal, no sé si se cometen muchos robos o si hay alguna calle que necesite asfaltarse. ¡Qué tranquilidad ser turista!
Yo nací en el sur del país, soy porteño de Coatzacoalcos; sin embargo, a los 5 años me fui a vivir a Puerto Vallarta y desde ese momento pocas veces tuve la oportunidad de regresar. Apenas volví en el 2001 y una vez más hace un poco más de 2 años. Quizá esa sea la razón de que sienta algo especial cuando visito Veracruz.
Cuando, llegué al Puerto de Veracruz casi sentí que la ciudad me cantaba “Vos sabés, cómo te esperaba, cuánto te deseaba, no, si vos sabés” De verdad que hay un clic entre este Estado y yo. He recorrido 1, 758 kilómetros grandiosos. Ha habido de todo: viaje de mochilero en la caja de una camioneta, viajes en autobús, tiendas de campaña, hoteles decentes con televisión de cable y agua caliente, hoteles con una cama y una ventana nomás, personas extrañas y simpáticas y algunos hijos de puta. En general, todo bien.
Coatzacoalcos también me recibe bien. Aquí están muchos de mis mejores recuerdos de la infancia. Mucha familia. Quizá esta ciudad, sin saberlo, sea la razón de que me guste escribir. Siempre la he tenido en mi mente y la he revivido en palabras cientos de veces. Hay una canción que cuando estoy en Vallarta siempre me hace sentir bien, pero acá me triplica las emociones. “Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron con su pálido reflejo hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor”. La vieja calle donde el eco dijo: “tuya es su vida, tuyo es su querer”, bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver”.
Después les estaré contando todas las anécdotas, que son muchísimas y valen al menos un post cada una.
Minutas:
-Enorme joya. Aprendan.

