Escribir para los hijos es una tradición recurrente: lo sé por Los oficios de Cicerón y por Mrs. Caldwell habla con su hijo de Camilo José Cela. Siempre sucede que uno desea lo que no tiene, será por eso que yo habría agradecido que mi padre me escribiera algo, lo que sea.
Dicen que un escritor chino -Lu Hsun (?)- pidió que si su hijo no demostraba talento para las letras se le evitara seguir con el oficio del padre y que aprendiera cualquier manera digna de sostenerse. A su modo, mi padre sí me enseñó que debía buscarme una manera digna de vivir.
No sé cuándo cerrará este blog, pero me gustaría pensar que a un hijo mío le puede ser útil. Vademécum para elegir equipo de futbol; hacerse de una nostalgia a tiempo,cualquiera; sortear las continuas depresiones; aprender lo que no se debe hacer en el oficio, etcétera.
Quizá no encuentre lo que más le interese cuando más me necesite. Para eso tengo excusa: de mujeres sé poco y eso nos viene de familia. Es el leviatán al que nos hemos enfrentado y terminamos haciéndonos de rupturas. Por mucho creo que el destino no cambiará. En cambio, tengo otro consejo al que pudiera asirse: una perfecta prestidigitación para el sexo ocasional.
Orso Arreola, hijo de Juan José Arreola, hizo un diorama de su padre en El último juglar; yo no pido tanto, acaso que no se convierta en lo que siempre he detestado y escoja una manera digna de vivir.
Dicen que un escritor chino -Lu Hsun (?)- pidió que si su hijo no demostraba talento para las letras se le evitara seguir con el oficio del padre y que aprendiera cualquier manera digna de sostenerse. A su modo, mi padre sí me enseñó que debía buscarme una manera digna de vivir.
No sé cuándo cerrará este blog, pero me gustaría pensar que a un hijo mío le puede ser útil. Vademécum para elegir equipo de futbol; hacerse de una nostalgia a tiempo,cualquiera; sortear las continuas depresiones; aprender lo que no se debe hacer en el oficio, etcétera.
Quizá no encuentre lo que más le interese cuando más me necesite. Para eso tengo excusa: de mujeres sé poco y eso nos viene de familia. Es el leviatán al que nos hemos enfrentado y terminamos haciéndonos de rupturas. Por mucho creo que el destino no cambiará. En cambio, tengo otro consejo al que pudiera asirse: una perfecta prestidigitación para el sexo ocasional.
Orso Arreola, hijo de Juan José Arreola, hizo un diorama de su padre en El último juglar; yo no pido tanto, acaso que no se convierta en lo que siempre he detestado y escoja una manera digna de vivir.
A los cuatro años visité a mi padre. Estaba sentado, leyendo. Se paró y platicó con una de mis tías, que comenzó a llorar. Creo que conmigo no habló hasta que nos despedimos. Después de eso no lo volví a ver.
Minutas:
-Disculparán que sólo sepa regalar libros.
-Colores vienen y se van.
Minutas:
-Disculparán que sólo sepa regalar libros.
-Colores vienen y se van.

2 comentarios:
Qué hermosa entrada Juan José, gracias.
Un abrazo muy fuerte.
Gracias por tu comentario. Me anima :)
Publicar un comentario