27 de febrero de 2011

Estos días

Mientras escribo esto estoy empezando a tomarme mi segundo trago de Absolut Mandrin. Me conecté para editar algunas páginas de la gaceta en la que trabajo. Aún no le he puesto título a este post y para ser sincero no sé qué les voy a contar ni sé cómo explicar tanta ausencia en este blog. Pueder ser que nada me parecía lo suficientemente bueno o que no tenía tiempo, pero no podía pasar otro minuto sin publicar algo mío. A diferencia del primer trago, en este la mezcla con el agua mineral es bastante ventajosa para el vodka. Escucho mi playlist favorito, estoy chateando con buenos amigos, pienso en cómo ordenar páginas. Estoy contento.

El viernes entrevistaba a un investigador chileno que vino a hablar sobre turismo (turismólogos, les dicen); la lógica marcaba que no podía dejarlo ir sin preguntarle si el decreto presidencial que declaraba el 2011 como año del Turismo era paliativo suficiente para contrarrestar la imagen de violencia que sufría el país. Ya sea por sinceridad o diplomacia, me explicó que estábamos hablando de cosas totalmente diferentes. Me dijo que nuestro crecimiento en llegada de turistas extranjeros no había disminuido y, por el contrario, crecía cada año. No lo dudé. Días antes había leído en Público Milenio (?) que de los 2 mil y tantos municipios de la república sólo en 73 se focalizaban las estadísticas de levantones, ejecuciones y persecución del narco.

El chileno, hombre mayor, me dijo que en ese aspecto no teníamos problema, pero sus ojos comenzaron a brillar: me miró directo y empezó a decirme que estamos fritos si nos dejamos llevar por esas estadísticas. "Una sola muerte es suficiente para hacer algo. Te lo digo porque en Chile sufrimos una terrible dictadura y sabemos que la violencia es totalmente condenable. La tortura, el asesinato es condenable", me dijo. Se los digo sin escuchar el audio porque lo tengo bien presente: lo he estado pensando desde hace días. Debieron ver cómo me lo decía.


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El sábado (ayer para mí) regresaba de una fiesta y mi taxista comenzó a presumirme que la música que estábamos escuchando en ese momento él la había bajado sin ninguna ayuda. "Tengo varias carpetas: en esta están las canciones de la Tropa loca, Los Terrícolas, Los Yonic´s. ¿No le molestan? Quiero meterle unas de ópera por si un día alguien me pide. Usted sabe que nunca falta" Me acordé de un tío y le dije que estaba bien, que me sonaba a Los Pasteles Verdes: él estuvo más tranquilo. Su actitud de preocupación por darle el mejor soundtrack al ocupante me hizo hacerle unas preguntas. Me enteré que él mismo bajaba las canciones, que primero las veía en Youtube. Que la memoria que tenía era de 4Gb. Después supe que nunca había ido a la escuela. Su gusto por el trabajo me dio muchas esperanzas. Ya voy en el tercer trago.



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Ah. Les cuento que desde hace unas semanas camino la mitad del trayecto a mi trabajo. El motivo no tiene nada que ver con causas chairosas, ni mucho menos progres, que bastante me aburren. Camino por ahorrarme algo de dinero y porque en Puerto Vallarta el transporte es terrible, ir apretujado es de lo peor, o al menos eso pensaba. Peor que andar en camión en este lugar es caminar: ¡no hay banquetas!, a excepción de la zona turística, se los juro. Cuarto trago. ¿No me creen?, miren los siguientes ejemplos (las fotos las tomé el viernes, creo):




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Voy por mi quinto trago. Nos vemos.

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