2 de agosto de 2011

Si el chiste era no parecerse

Cuando se trata de señalar lo malo, en Puerto Vallarta se acostumbra mirar hacia abajo del mapa y señalar el puerto de Acapulco. Tanto así que los vallartenses preocupados por el estancamiento -otros más alarmistas dicen decadencia- del destino siempre temen la inminente acapulquización de la bahía. Así pues, la consigna es rechazar todo lo que huela a La Quebrada y anexas. De ahí surge mi duda: ¿Entonces, por qué tanta insistencia en organizar un evento tan acapulqueño como el Tianguis turístico? ¿En qué nos beneficia a los del montón?

La primera respuesta que encontré, como todo en la vida, tiene que ver con el dinero. Según mi investigación -o simple googleo- el Centro Internacional de Convenciones dejó una derrama económica de 150 millones de pesos en un año de trabajo, poco menos de los 100 millones de pesos que se prevén alcanzar con la organización del evento de marras en el año 2012, ¿dónde estaba esa lana? Aunque según Roberto Gaudelli un Tianguis también tiene importancia política. En nuestro caso la pretendida candidatura de Emilio González Marquéz.

La segunda respuesta está en el contexto. Nos beneficia en tanto nos toque lamer el plato del pastel que se repartirán las empresas prestadoras de servicios turísticos en lo que dure la vendimia del destino. Algo se ganará en venderles artesanías chinas, joyería coreana, traslados lujosos carísimos en taxis, suponiendo que nos dedicamos a vender artesanías chinas, joyería coreana o manejamos un taxi.

Yo que siempre he tenido simpatía por los golpeados, siento una pena por Acapulco. Si el chiste siempre ha sido no parecer, ¿por qué no inventar algo que se le parezca? Propongo el "Mercadito de los turisteros" para los nostálgicos que quieren pueblito. O qué tal el "Super de la turisteada", para los modernos. Ok, no. Hagan su tianguis. Vender ocio no es tan difícil.
  

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